Tal vez solo aprendiste a mirarte a través de las heridas, las palabras y las experiencias que marcaron tu historia.
Pero debajo de todo eso sigue estando tu esencia: la mujer que eres cuando dejas de vivir desde el miedo, el dolor y lo que otros te hicieron creer sobre ti.
Sanar no es convertirte en otra mujer.
Es volver a ti.
